jueves, 9 de junio de 2016

¡Tiemblen dragones!, de Robert Munsch

En los cuentos clásicos de castillos, de príncipes y princesas, la cosa es más o menos así: la princesa se encuentra en problemas, en general, por una mujer malvada y competitiva llamada "madrastra". Un príncipe acude a su rescate y colorín colorado, el cuento ha acabado. En este cuento nada que ver. Veamos.

En primer lugar, el malo de la película es un dragón. El dragón le quema a la princesa el castillo y se lleva como prisionero a su futuro esposo. No se sabe por qué se lo lleva a él y no a ella. Probablemente sea para comerlo y, por alguna razón, el dragón haya preferido al príncipe como bocado. Qué se yo. La cuestión es que la princesa se pone una bolsa de papel (todos los vestidos fueron quemados) y sale a rescatar al príncipe Ronaldo. Esto demuestra su valentía. ¿Quién se animaría a poner un pie en la casa de un dragón?


Finalmente, la princesa utiliza su astucia y rescata a Ronaldo. Y en vez de presenciar una escena de romance y que el final diga: "y se casaron y vivieron felices y comieron perdices", Ronaldo y Elizabeth empiezan a discutir. Ronaldo no quiere ser rescatado por una princesa mal vestida. Frente a esto, cada cual decide seguir por su lado. Y colorín colorado, no se han casado.

Esta parodia de cuentos de hadas es muy interesante porque rompe con algunas concepciones antiguas sobre el rol del género masculino y femenino. También porque hay una discusión de parejas que muestran  incompatibilidades que ponen fin a un proyecto de matrimonio.

Un libro que pueden leer primeros lectores, aunque no está editado en imprenta mayúscula.

Las ilustraciones de Juan Gedovius son simpáticas y modernas. La traducción estuvo a cargo de Pilar Armida.

El libro fue editado por Puerto de Palos en el año 2011.


  

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